El desperdicio alimentario vuelve a situarse en el foco de la acción ciudadana y política. En España, según datos recientes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el volumen total de alimentos y bebidas desperdiciados en 2024 se ha reducido hasta los 1.125 millones de kilos o litros, lo que supone una caída del 4,4 % respecto al año anterior, y casi un 20 % menos desde 2020.
Este dato confirma una tendencia sostenida a la baja, pero también revela que aún queda mucho camino por recorrer para integrar la sostenibilidad en cada paso de nuestra cadena de consumo.
¿Dónde se están produciendo los avances… y los retos?
Los hogares siguen siendo el escenario principal del desperdicio: concentran el 97,5 % del total estimado de alimentos y bebidas desechados (aproximadamente 1.097 millones de kilos o litros).
De ese volumen, el 77,6 % corresponde a productos sin utilizar (por ejemplo frutas, verduras) y el 22,4 % restante a alimentos ya cocinados o preparados.
Las frutas (32,4 %) y las verduras/hortalizas (13,8 %) encabezan la lista de los productos más desperdiciados.
En hostelería y restauración, también se observan mejoras: el despilfarro fuera del hogar cayó un 8,8 % en 2024, registrando 28,03 millones de kilos o litros, la cifra más baja desde que hay registros.
La nueva normativa como hoja de ruta
El despliegue de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, aprobada recientemente, marca un antes y un después. Esta ley obliga a las empresas de la cadena alimentaria a elaborar planes de autodiagnóstico, a adoptar la jerarquía de prioridades en uso de alimentos (consumo humano, transformación, piensos, residuos) y a fomentar la donación de excedentes a entidades de iniciativa social.
Además, para los consumidores —cuyo papel es clave— la normativa, y las campañas de sensibilización, ofrecen una gran oportunidad de actuar desde la compra, el almacenamiento, el aprovechamiento y la donación.

¿Qué puede hacer el consumidor desde casa?
Desde la UCE queremos proponerte un decálogo práctico para sumar a esta transformación:
- Planifica tu menú semanal y realiza una lista de compras ajustada.
- Opta por productos de temporada, locales y con menor embalaje.
- Almacena correctamente frutas y verduras: temperatura, posición y envase apto.
- Rotación: coloca al frente los productos con fecha más próxima.
- Transforma sobras: en sopas, guisos o mezclas creativas.
- Congela porciones individuales para una mejor eficiencia.
- Dona productos no perecederos que no vayas a usar antes de su fecha.
- Infórmate sobre la diferencia entre “consumo preferente” y “caducidad” (no es lo mismo).
- Al comer fuera o comprar fuera, pide para llevar si sobra.
- Traslada este mensaje a tu entorno: compartir también es reducir.
Cada uno de estos pasos conecta directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), especialmente el ODS 12.3, que aspira a reducir a la mitad el desperdicio per cápita de alimentos para 2030.
¿Por qué importa?
Porque desperdiciar alimentos es malgastar agua, energía, fertilizantes y mano de obra. Porque cada kilo tirado representa un coste económico y ambiental. Porque los datos muestran que cada persona en España desperdició en 2024 una media de 24,4 kilos. Y porque la sostenibilidad no es una etiqueta: es una decisión diaria, tanto en el hogar como en los establecimientos.
En la UCE de Albacete creemos que un consumo más responsable es la mejor receta para el planeta y para tu bolsillo. Porque cuando tú planificas, el entorno gana. Cuando tú piensas antes de tirar, todos ganamos.
Estamos a tu disposición para acompañarte en esta transición. Tu cesta de la compra, tu nevera, tus sobras… también pueden ser parte del cambio.